Pensar la grieta como un ejercicio de marcaje tiene que ver con pensar el texto como tierra. Pensar el marcaje como un ejercicio de agrietar. La grieta en particular que pensábamos es la de las vías del tren, como esta apareció sin detalles, sin permisos, sin tradiciones a cambiar el texto. Algo sigue residiendo en el fondo de esta cicatriz. No un fondo como profundidad inalcanzable, sino como en esa superficie sucia y despreciada en la que nos revolcamos, escondite. No se trata del lugar de la caída, sino del lugar en que nos encontramos con los textos. Caminar por los durmientes de la ruta.
En las profundidades, la grieta no importa. La grieta yace silenciosamente tragando basura, tierra y tormenta. Se le salta, se le construye un puente encima o se le rodea. A la grieta se ve desde la distancia pero no hay mucho más que un ritual de desprecio, no es propiamente herida, no es propiamente piel. Cada uno está en la dichosa grieta. No se trata de una marginalidad como la del texto medieval(¿o sí?), es una marginalidad sin precaución, excluida. Dejar los textos en manos de los herejes. Pero, al mismo tiempo el marcaje coquetea con el rol del experto, del iniciado. Podría decirse que esto no es nada nuevo, que siempre el marcaje sea en Delfos, en las abadías o en el mundo tecnológico no deja de ser un proceso de iniciación, de práctica y de comunidad. El marcaje sirve a un grupo, a una tarea. Pero, más allá de los límites del uso, ¿Qué rastros deja? ¿Qué textos produce?
Al marcar a forma de prologo a la Bestia Humana de Zola, Deleuze dice Instintos y Marca. Pequeña y gran herencia de nuestra mortalidad. Parece que se producen cajones, cajas negras de sentido. Elementos que no tienen ninguna utilidad, o no la encontramos. El problema de la marca como acto radical proviene de su dificultad de precisar, de su dependencia en ser instintiva. La marca reside en el problema de lo intencional y de lo inconsciente. Aquí se puede disputar. De cierta forma, cuando nos preguntamos por nuestras propias marcas, todavía no signos, descripciones más que significados, nos enfrentamos a la incapacidad de definir, de hacer la experiencia del umbral.
¿Cómo experimentar la grieta? Decimos, por ahora, que el marcaje será grieta. Comenzaríamos con pensar como la imprenta fue grieta. Impresores e imprenta. Hace poco, en una misa protestante atendía la lectura atenta de los pasajes, no estaba el énfasis en la predicación como discurso, sino en esta como lectura. Todavía el pensamiento que pretende dejar ese texto en las manos de una comunidad, donde el iniciado parece al margen, se va a su casa, se aleja de los libros y las iglesias. Aquí, se evidenciaban los residuos de la grieta abierta por los tipos y la prensa. Abrir la Biblia para leerla, qué tiene que ver eso con la fe, cómo religar con eso. La marca aquí parecía desplazarse de la marca sobre el libro a la marca sobre los feligreses.
Más adelante, atorado en el tráfico de ese texto, Ernesto Priego hacía referencia a la insuficiencia de la hoja de papel para Kerouac: el problema de los límites de las herramientas de producción literaria.
Por ahora, aquí, nos encontramos con las estrategias de simulación al publicar con herramientas digitales. Todavía no se confía en la publicación-página web, estamos todavía lejos de hacerla texto. No hay propiamente “impresión”, aún más peligroso, la publicación se encuentra expuesta a edición continua. No la edición romántica de decir que el texto, en tanto libro, está siempre haciéndose no cabe la idea de la edición que no se subdivide. La lectura genera sus efectos, pero no se ha dejado de pensar que todavía hay alguien detrás del texto que un día lo abrió al público y cedió su producir, editar. La distancia de un Biblia impresa, la distancia con el papel de baño de Kerouac a las publicaciones digitales nos hacen pensar, más allá del problema de la auditoría divina, de la anécdota mística nos hacen pensar en el problema de la concreción. Algo hay sobre esta superficie en que los textos parece que podrían hacerse continuamente que los retira de lo conclusivo, de lo declaratorio. Digamos idioteces: Kant habría podido corregir su primera edición de la Crítica de la razón pura silenciosamente. Depurar, en todos sus peligros, en olvido, el equivocarse y después forzar el intento de no dejar rastros.
Nos desplazamos hacia la grieta, más allá de la mera escritura en un medio digital a las consecuencias del procesamiento de datos y la programación, ¿Qué se pone en juego en estas marcas? La pregunta por la posición del marcaje es abordar la grieta. El programador que se encamina a la interpretación está jugando un papel que lo retira del simple técnico repetitivo, sigue en el lugar del iniciado, pero ya ha adquirido una posición con los medios de publicación que lo distancian. Pero cómo hace cuando su labor como traductor aún está en el campo de las marcas y no el de los signos. La repetición de sus marcas parece que queda escondida bajo los viejos caracteres y no como un cambio de los viejos signos. Pero aquí, nos posicionamos, no basta con pensar que el sustrato de la programación como marcaje es hacer explícito el proceso de significación. Hay un encadenamiento de lenguajes, uno todavía en un margen de técnica. De la misma forma en que no podemos pensar en la caja china como un aparato posible, aquí no podemos detenernos a decir, ésta es el despliegue del significado. Lo que se ha hecho con la programación no es descifrar la tarea del traductor, ni la estabilización de la interpretación.
Guiño a forma de mapa de tesoro, copia de este mapa que deduce todo, nota. La nota siempre prevé. No hace, no teoriza, acciona. Nota y anota.
El marcaje-grieta-nota. ¿Por qué llevar a la marca al territorio de la nota? Por qué es diferente de las marginalidades medievales. Apartar de nuevo los límites del lenguaje a partir del tratamiento de metalenguajes de apropiación. Nombrar lo nombrado. Código como construcción de una hermenéutica que tendremos que acompañar de una genealogía que nos ha permitido construir las estructuras, las metodologías, los lenguajes de marcaje (p.e. la construcción del TEI). No hay grados de inocencia en la forma en que decimos que un nombre es un nombre y como los clasificaremos, problema retomado de múltiples horizontes de ordenamiento. ¿Cómo no hacer de la lógica de marcaje una construcción aristotélica, kantiana, sino crítica de la problemática de dichas aproximaciones?
Más allá, habrá que abordar los campos en los que no sólo tratamos el problema del marcaje de textos descriptivos, nos tenemos que enfrentar a textos/experiencias involucradas con los tropos lingüsticos, con la generación de lenguajes. ¿Cómo manejar una palabra si esta se encuentra como metonimia, metáfora? Sí gira lingüísticamente, no podemos sólo poner el lugar más fácil, estamos escribiendo otro texto, estamos desplazando la multiplicidad de significados. Por ello se busca la estructura del marcaje no incrustado. El conocimiento de marcado como tarea técnica tiene que estar acompañado de la labor crítica de las unidades de sentido de texto en texto. ¿Estamos dejando bajo una piedra el verdadero problema de la lectura? Y, ¿si lo relevante es la forma? No pensando como articulando la programación como lógica proposicional sino la presentación de las formas, su experiencia. Leer la forma. Cada texto con unidades de sentido distintas, distintas unidades de sentido en cada texto. Cómo dejar marcadas cientas de formas que se reproducen indicando-anotando-agrietando. Este es un problema de copia, de sustitución, de intentar atravesar un modelo puesto en el texto análogo y que será simulado mediante nuestras herramientas digitales. Paul Valery dice que para entender el cuerpo hay que andar por los caminos rocosos, en el plano se olvida que se tiene cuerpo. En el marcaje/interpretación tenemos que aventurarnos sobre la parte complicada. ¿Cómo marcar, por ejemplo, en Deleuze máquina, grieta, pliegue? O se resiste a esta posibilidad.
De nuevo al punto de partida, ¿por qué hablar de la grieta en el contexto de Zola y la interpretación de Deleuze en torno al marcaje? El texto queda siempre puesto en un marco de posibilidad de destrucción, de sustitución en la maniobra de interpretación. Las maniobras de marcaje incrustado pretenden reposar como rémoras en el texto, Mina-Mineros, pero dónde quedan los minerales y el sexo entre los mineros, la muerte, su organización política, su pequeñez humana. La multiplicidad de horizontes, tiene que estar atestiguando la tarea de marcaje para discernir sobre las consecuencias de la tarea a la mano. La gran pregunta al hablar del marcaje como grieta responde al problema de ser el mismo del paso de la tradición oral a la escrita a la imprenta a los medios digitales. Lo que queda evidente es la necesidad de una sobrevivencia que sustituye unos elementos por otros.
¿Cómo programar las humanidades? O más bien ¿Qué vale la pena programar/marcar para trabajar, para automatizar, dejar en tareas recurrentes y abordar otras tareas más complejas, más demandantes en tiempo y reflexión? Se puede hablar de esto, campos semánticos nuevos, campos de reescritura, intertextualidad, genealogías minuciosas.
II
Quién fue mejor postor la muerte o la sexualidad, el alcohol, la ciencia, el arte, el trabajo esclavizado, el criminal? A su vez, dice Sartre que el criminal es la auténtica belleza. En las novelas de Zola, el criminal siempre tiene un nicho altísimo junto a alcohólicos y los, no digo amantes, los que están cogiendo. Abusar de la espiral más forzada de los huracanes que desplazan de lugar a los Maelstorm de los que se escapa.
Ahora, el tren y la mina en Zola, la existencia básica, haciéndose putrefacta: instinto de muerte mas que nada-grieta-nota. El tren y la mina matan sin dejar de silbar, vías y las entrañas que ahogan con el humo y los gases, lo invisible. Mineros y maquinistas ubicados en la grieta. Minería y ferrocarrilismo como tareas de esa escisión. ¿Tareas ciegas?
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